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Una versión de la canción de cámara de Henry Duparc (con texto de Charles Baudelaire) por Gerard Souzay . Querría haber encontrado la versión que canta con acompañamiento de Baldwin, pero no está ya en youtube…

EL DUQUE DE BLANGIS

“Hay muchas personas que sólo se entregan al mal cuando su pasión les arrastra; recuperados de su extravío, su alma tranquila recupera plácidamente el camino de la virtud, y pasando así su vida de combates a errores y de errores a remordimientos, se mueren sin que sea posible determinar exactamente qué papel han jugado en la Tierra. Dichos seres deben de ser desgraciados: siempre fluctuantes, siempre indecisos, pasan toda su vida detestando por la mañana lo que han hecho por la noche. Convencidísimos de arrepentirse de los placeres que saborean, se estremecen al permitírselos, de manera que se vuelven a un tiempo tan virtuosos en el crimen como criminales en la virtud. Mi carácter más firme jamás se desmentirá de esta manera. Yo no vacilo jamás en mis opciones y, como estoy siempre seguro de encontrar el placer en lo que hago, jamás acude el arrepentimiento a embotar el atractivo. Firme en mis principios, porque desde mis más jóvenes años lo establecí con seguridad, actúo siempre en consecuencia respecto a ellos. Me han hecho conocer el vacío y la nada de la virtud; la odio y jamás se me verá volver a ella. Me han convencido de que el vicio estaba hecho para hacer sentir al hombre esta vibración moral y física, fuente de las más deliciosas voluptuosidades; me entrego a él. Muy pronto me coloqué por encima de las quimeras de la religión, absolutamente convencido de que la existencia del creador es un escandaloso absurdo en el que no creen ni los niños. No siento ninguna necesidad de refrenar mis inclinaciones con la intención de complacerle. Yo he recibido estas inclinaciones de la naturaleza y la irritaría resistiéndome a ellas; si me las ha dado malas, es porque así convenía necesariamente a sus intenciones. Sólo soy en sus manos una máquina que ella mueve a su capricho, y no hay ni uno de mis crímenes que no le sirva; cuantos más me aconseja, más necesita: sería necio si me resistiera a ella. Así que sólo tengo contra mí las leyes, pero yo las desafío, mi oro y mi fama me colocan por encima de esas plagas vulgares que sólo deben herir al pueblo.”

Por favor, si alguien conoce una traducción mejor, ¡que lo diga!

¿Blog o bitácora?

27 abril, 2010

Hace unos días, pedía que me ayudarais a encontrar un término más apropiado para denominar en castellano esto que conocemos ahora con la ignominiosa palabra “blog”.

He aquí una reciente conversación que mantuve con un buen amigo sobre el asunto.

Sólo aptos para filólogos y aburridos profundos… 😛

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Yo: Viste el blog que te pasé?

Daniel: Cuál?

Daniel: Di bitácora

Daniel : Te lo suplico

Yo: Me refería a éste www.partenope.tk

Yo: No creo que pudiera denominarse como “bitácora”.

Yo: En primer lugar, porque habría de ser en todo caso “cuaderno de bitácora”

Daniel: En sentido amplio o derivado

Daniel: Se añade una acepción a la palabra y ya está

Yo: Pero es que la única acepción de “bitácora” es un mueble

Yo: …un mueble que está sólo en los barcos…

Daniel: Sí, forma doblete… con habitáculo!

Yo: Y aceptando la metonimia y la elipsis, aún así poco tienen que ver un cuaderno de bitácora con un blog.

Daniel: No importa, no importa. Es la palabra que alguien puso en competencia. Y es la única que todavía tiene alguna esperanza de poder rivalizar con ese engendro de “blog”.

Yo: Es que me parece que ampliar la acepción de “bitácora” de esta manera en realidad empobrece aún más el idioma, pues un término tan específico como “cuaderno de bitácora” se pierde en beneficio de la denominación de una realidad nueva que nada tiene que ver con el verdadero “cuaderno de bitácora”. Habría que buscar, en todo caso, otra palabra más adecuada.

Daniel: No discuto lo último

Yo: Quizás “diario”, que finalmente es la traducción de “blog”.

Daniel: Que tal vez haya palabra más adecuada. Sin embargo no creo que empobreciese demasiado. Dado que los contextos de una y otra acepción son tan distintos que difícilmente se producirían equívocos

Daniel: Y por otra parte salvaría a la palabra bitácora de su pintoresco arcaísmo

Daniel: Que a todo el mundo le suena al cuaderno de Ahab

Daniel: Y diario se recargaría menos, que bastante tiene ya

Yo.: Pero es que bitácora es un mueble y no el cuaderno en sí!!! Además, casi nadie se ha leído Moby Dick… y aún así, saben lo que es un cuaderno de bitácora (lo que no se conoce “bitácora” en su única acepción recta de mueble). No, Daniel, no me parece adecuado…

Daniel: Pero de momento “bitácora” es la única que puede competir mínimamente con blog. Entonces hay que apoyarla.

Yo: No estoy de acuerdo, no voy a apoyar un error por evitar otro, a pesar de que éste sea menos grave… No creo en la teoría del mal menor… Si no, votaría a algún partido.  Creo que sería mejor usar “diario”

Yo: Semánticamente es más cercana y, por otra parte, pertenece al corpus común de cualquier hispanohablante. Y si se quiere, para diferenciar del diario personal o del diario en su acepción de prensa diaria, podemos usar la construcción “diario en red”: ya sé que no es muy económica, pero tampoco es una expresión tan larga y es bastante más precisa y sin ambigüedades. Bitácora me parece un desatino.

Aquí os dejo un vídeo que descubrí hace un tiempo y que de vez en cuando veo. La canción es una versión de un tema de Kurt Weill.

Comenzando a releerlo… en una traducción nefasta de la editorial Tusquest… Si alguno conoce otra mejor, ¡por favor, decidlo!

Os dejo aquí el inicio del libro.

Las ingentes guerras que Luis XIV tuvo que sostener durante su reinado, agotando las finanzas del Estado y las posibilidades el pueblo, descubrieron sin embargo el secreto de enriquecer a una enorme cantidad de esas sanguijuelas siempre al acecho de las calamidades públicas que provocan en lugar de apaciguar, y eso para poder aprovecharse de ellas con mayores beneficios. El final de ese reinado, tan sublime por otra parte, es tal vez una de las épocas del imperio francés en la que se vio un mayor número de estas fortunas oscuras que sólo resplandecen en un lujo y unos desenfrenos tan sordos como ellas. Era hacia el final de ese reinado y poco antes de que el Regente intentara, mediante aquel famoso tribunal conocido bajo el nombre de Cámara de Justicia, restituir la fuerza a esa multitud de tratantes, cuando cuatro de ellos imaginaron la singular orgía que nos disponemos a narrar.